Estamos estos días inmersos en los efectos de la huelga del transporte, pero estos efectos actúan más sobre unos que sobre otros.
Ayer fuí a comprar a mi supermercado habitual, situado en un barrio normalito con un índice de inmigración medio, vamos, muy normal (tenemos de todo), y fue entonces cuando me dí cuenta de los efectos reales de la huelga.
Como los días anteriores la gente había comprado mucho más de lo que les hacía falta por miedo a quedarse desabastecidos, a las estanterías les habían salido calvas y quedaban muy pocas unidades de lo que suelo comprar, pero bueno, me las apañé (aunque tengo que decir que las fechas de caducidad de los productos quedaban sospechosamente próximas).
Hoy casualmente he entrado en un supermercado de la misma cadena pero situado en un barrio muy, pero que muy pijo de esta ciudad y me he dado cuenta de que a las estanterías no solo no les habían salido calvas sino que tenían incluso exceso de productos (y también mucha más diversidad).
Cuando estaba dándome cuenta de este exceso y de esa diversidad, oí una voz que salia por los altavoces diciendo: “Estimados/as clientes/as debido a la gran demanda de productos que se viene dando desde hace unos días, el servicio de envío a domicilio se retrasará uno o dos días”.
Una vez en la caja, la señora que estaba delante de mí presta a pagar, deslizando sus gafas de Prada hacia la punta de la nariz y mirando fijamente a la cajera, le dijo por lo bajo: “La que está liando Zapatero”.
En fin …….
Ayer fuí a comprar a mi supermercado habitual, situado en un barrio normalito con un índice de inmigración medio, vamos, muy normal (tenemos de todo), y fue entonces cuando me dí cuenta de los efectos reales de la huelga.
Como los días anteriores la gente había comprado mucho más de lo que les hacía falta por miedo a quedarse desabastecidos, a las estanterías les habían salido calvas y quedaban muy pocas unidades de lo que suelo comprar, pero bueno, me las apañé (aunque tengo que decir que las fechas de caducidad de los productos quedaban sospechosamente próximas).
Hoy casualmente he entrado en un supermercado de la misma cadena pero situado en un barrio muy, pero que muy pijo de esta ciudad y me he dado cuenta de que a las estanterías no solo no les habían salido calvas sino que tenían incluso exceso de productos (y también mucha más diversidad).
Cuando estaba dándome cuenta de este exceso y de esa diversidad, oí una voz que salia por los altavoces diciendo: “Estimados/as clientes/as debido a la gran demanda de productos que se viene dando desde hace unos días, el servicio de envío a domicilio se retrasará uno o dos días”.
Una vez en la caja, la señora que estaba delante de mí presta a pagar, deslizando sus gafas de Prada hacia la punta de la nariz y mirando fijamente a la cajera, le dijo por lo bajo: “La que está liando Zapatero”.
En fin …….
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