Artículo publicado en EL PAIS 12/07/2010 Quizá sea el turismo el último reducto productivo sobre el que las autoridades políticas tienen una decisiva influencia, tanto en la definición del producto y de la clientela como en la promoción externa. Mal asunto, porque, antes que criterios de rentabilidad empresarial y eficiencia social, se imponen otros más etéreos e imprecisos, debidos las más de las veces a aspiraciones y deseos personales de los políticos que tienen escaso fundamento socioeconómico. No de otra fuente procede la apelación sistemática al turismo de calidad, resbaladizo y manoseado concepto comodín respecto de cuyos componentes estructurales nadie sabe darme una precisa definición. Llevo ya casi 40 años esperándola. De forma que la planificación turística se debe, comúnmente, a impulsos intuitivos y no a un proceso de reflexión desapasionada en la que se identifiquen los atributos disponibles, se valoren las carencias y déficits, se extraigan los valores dife...